Artículo de Josep Llorach.
A lo largo de mi dilatada vida, soy coetáneo de las primeras Parker 51, y como usuario habitual de pluma estilográfica, he tenido algunas experiencias que he traducido en tips:
No me gusta prestar “mi” pluma estilográfica y siempre suelo llevar un bolígrafo para actuar como prestamista.
Si me veo obligado o cometo el error de prestar mi pluma para una pequeña anotación o una firma, me suelo quedar con el capuchón para evitar que “accidentalmente”, se guarde en un bolsillo diferente al mío.
No, no, en esta ocasión, no voy a referirme a estos dos tips citados.
Veamos…
El pasado día 17 de junio tuvo lugar en el local de Els Entremesos el encuentro de la joven, pero activa, Associació de la estilográfica de Barcelona, en la cual, magistralmente, se nos explicó cómo y porqué, de una manera regular la tinta pasaba del depósito, contenedor, al papel, expresando nuestros sentimientos…
Como es habitual se nos invitó a mostrar nuestros ejemplares de plumas estilográficas demonstrator que permiten ver el recorrido de la tinta y los mecanismos utilizados para ello.
Hoy existe un proceso llamado inyección y unos plásticos transparentes PSGP, PMMA, PC (los plásticos también tienen siglas internacionales) que permiten, de una forma cómoda y económica, hacer plumas transparentes.

Sailor 1911
Wing Sung 618
La tecnología de la inyección no estaba suficientemente desarrollada, pero si se conocía el PMMA (el famoso lucite) y a partir de barras macizas se mecanizaron plumas que permitían ver los mecanismos internos, aunque la alta transparencia aún no estaba bien conseguida probablemente porque el pulido interior era demasiado laborioso o porque el lucite no tenía la transparencia actual.


Las primeras demonstrator las podemos ver en la Sheafer’s lifetime de los años 1924-29, donde para mostrar su interior se practicaban agujeros en el capuchón y cuerpo de la pluma.

Sheafer’s lifetime
La Montblanc 144 con su lapicero a juego que se muestra en la figura es el objeto de este artículo.
Montblanc 144
La pluma es de celuloide con el visor transparente. Está “audazmente economizada” con un plumín de acero.
No entraremos en ello, pero todos hemos sufrido el deterioro del celuloide de alguna pluma por diversos factores. Deterioro que en algunos casos se traduce en fragilidad y peligro de rotura en aquellas partes donde las paredes son más finas y/o están sometidas a tensiones.
Pues bien, esta pluma es, a mi criterio, una verdadera demonstrator, un excelente modelo de Montblac, su estado impecable y difícil de encontrar… debía ser mostrada a mis compañeros, y así lo hice.
La pluma y el lapicero iban en su estuche original y así los coloqué en mi mochila al final de la agradable hora del pati, expresión utilizada en las escuelas cuando hay que dar un tiempo de pausa para que los niños jueguen, se relacionen y normalicen su situación nerviosa entre clase y clase.
Al llegar a mi casa vi, para mi sorpresa, que la pluma estaba rota justamente donde acaba la rosca de la boquilla y empieza el visor.
Sin duda esta fea costumbre de que cuando te enseñan una pluma lo primero que se nos ocurre es quitarle el capuchón para ver que hay debajo… sin observar ni conocer previamente el sistema de apertura o bien un cierre forzado, produjo el desperfecto.
Por suerte dispongo de un amigo que, con la paciencia de un santo, una habilidad fuera de lo normal y una “pastita” mágica pudo proceder al pegado de ambas partes y al relleno y limpieza de los pocos, afortunadamente, trocitos de material que se perdieron. Por su gentileza podéis ver el video de dicha reparación.
Y añado nuevo tip…
No dejaras manipular una pluma antigua si no es en tu presencia y dando recomendaciones previas
Nota del editor: El precedente artículo es una colaboración de un miembro de la Associació Estilogràfica de Barcelona, iniciativa a la que invitamos a todos ellos a participar.

Gràcies per aquest magnífic article!