UN CAFÉ A LA SOMBRA DE INOXCROM

Xavier Muñoz Torrent

Barcelona, 27/07/2026

Un julio bien transpirado, con un sol de justicia, requiere tomar el café o un Vichy al fresco de una sombra, con buena compañía, para sustituir cualquier siesta por una conversación sobre las raíces y vicisitudes de la industria estilográfica en Barcelona. Disfruto, en un rincón de Les Corts, del maestrazgo de un interlocutor de excepción: Josep Llorach, ingeniero, promotor de la comunidad de amantes de las estilográficas que concluyó con la creación de la Associació Estilogràfica de Barcelona. Josep es, en verdad, un extraordinario conocedor de esta materia. Nos encontramos para tratar sobre la identificación de los restos de una pluma descubiertos, estos días, en una excavación en el antiguo centro de instrucción del Ejército Republicano, en Pujalt (Anoia), y acabamos hablando de materiales de origen, de ebonitas y de celuloides, de plumines de oro y de acero, de los porqués de las opciones, tanto en lo referente a las formas de producción, al origen y naturaleza de los componentes, como a la adaptación de los negocios al mercado y al avance tecnológico, a la innovación o a la buena copia… En definitiva, sobre la cuna y los pioneros de esa industria en nuestra casa, tan ligada a las necesidades de transmisión del conocimiento y de las ideas, incluso de la alfabetización y de la extensión de la cultura, pero también de trasfondos emocionales y de sentimientos.

Coincidimos en que detrás de cada pluma hay siempre alguien que la utiliza: un mensaje, una cifra, un poema, una profesión, una lista, un decálogo, tal vez un dibujo a tinta, arte, geometrías, formas, letras… Pero también de tantos algunos que se expresan y que convierten el instrumento en otra extremidad del cuerpo y de la mente. Detrás de cada pluma hay (y habrá) una historia humanamente vivida, de un espacio y de un tiempo, de una ocasión, de una opción, de un paisaje, de un lugar, de muchos porqués, de muchos deberes cumplidos y de muchos pensamientos. Coincidimos en que coleccionar plumas es hacerlo de aquellas historias llenas de circunstancias, de condiciones, de colores y de intuiciones.

Justo después del siguiente trago de café, evocamos el acto sobre La pasión por fabricar estilográficas, de firme y entusiasta homenaje a Manuel Vaqué Ferrandis, fundador de Inoxcrom, que se celebró el febrero pasado en la Casa dels Entremesos, y que sirvió, además, para el anuncio de la próxima reactivación de la marca. La sala, llena hasta la bandera, para atender la glosa, documentadísima, ponderada, extremadamente respetuosa, que hizo el propio Josep Llorach sobre la figura de Vaqué y el itinerario histórico seguido por su firma en el campo estilográfico y de otro material de escritura. Nadie se perdió ni uno de los detalles expuestos, porque hablar con pasión de Vaqué y de Inoxcrom era hacerlo del propio epicentro, del alma misma de un sector productivo tan importante como lo fue en Cataluña, en el Estado y en su proyección exterior, y tan ligado a la educación y al propio progreso social.

La charla de Josep contó, además, con la presencia entre el público de protagonistas indiscutibles que pueden corroborar la historia, como Manuel Cuadrado Pérez, que había actuado como gerente de Inoxcrom (gran defensor de la proyección de la marca en el campo del mercado publicitario), o de Marlene, antigua secretaria de la distribuidora comercial, y otros antiguos trabajadores de la empresa, que, con certeza, se emocionaron con la profundidad de la exposición y con la calidez del ambiente; además de sus herederos, Manuel Vaqué Boix (hijo) y, especialmente, Manuel Vaqué Devilleneuve (nieto), que junto con Jaume Arnau, presentó la nueva iniciativa hacia la recuperación de la marca.

El inicio del acto en la Casa dels Entremesos

Josep Llorach presentando su conferencia sobre Manuel Vaqué Ferrandis y la historia de Inoxcrom

La emotiva entrega de la distinción como socio de honor para Manuel Vaqué Ferrandis, que recoge su hijo Manuel Vaqué Boix

El acto tuvo como elegante apoteosis, antes del refresco final, la entrega de la distinción como socio de honor (a título póstumo) a Manuel Vaqué. A su vez, se respondió por parte de la Inoxcrom renovada con el regalo a todos los asistentes de un estuche conmemorativo, que contenía una muestra del plumín que llevarán las nuevas plumas (que se llamarán Maria, en recuerdo de Maria Boix, esposa del homenajeado). Nadie podía salir de allí insatisfecho, porque el momento constituyó, aparte de recuperar la memoria histórica de un antiguo exponente empresarial y personal, un verdadero estallido de optimismo para una industria que se quiere mantener activa, respondiendo a una nueva demanda, lejos de ser ahora un artículo de uso masivo diario, que evoluciona hacia la personalización, la artesanía, el arte, la exclusividad, para convertirse también en un buen recurso pedagógico con el resurgimiento de la escritura a mano, ya sea como reencuentro cultural o como caligráfica terapia para alcanzar las más íntimas serenidades, esto es un poco más allá de aquel coleccionismo a ultranza que a muchos obsesiona.

En nuestra conversación de tarde, Josep recordaba que Vaqué no tenía el despacho demasiado lejos de donde estábamos sentados, desde donde dirimía las políticas de sus negocios, de los cuales Inoxcrom era uno más, pero que mantenía como quien preserva una arraigada tradición familiar. Josep confesó que la preparación de la conferencia para la Associació Estilogràfica no fue una tarea nada banal, pues quería asegurarse con todo el rigor y mesura de mostrar los aspectos más personales de la gestión de Inoxcrom, para lo cual trató de contrastar la historia con personajes vivos de aquella conciencia empresarial. No era, pues, una conferencia más, sino una exposición con la que se profundizaba con todo el corazón y el sentimiento en el reconocimiento de una personalidad y de una época que dejaron una buena mella en el desarrollo industrial y en la cultura del país.

Mi hija Sara, que también nos acompañaba, lejos de parecer ausente de la reunión, me reconocía al volver a casa que había convivido con hombres sabios: un maestro que, aparte de cosas de plumas y de dar conferencias, también sorprendentemente discutía en chino con las camareras, y un padre de quien admiraba la capacidad de hacer tantas preguntas, en principio sin mucho sentido para ella, pero que servían para extraer todavía más la enérgica sabiduría del maestro. Y del rastro de estas conversaciones doctas y elocuentes alguna cosa quedará, de ello podemos estar seguros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *