Por Iñaki Díez
Un día, a la hora del recreo, Daniel me agarró por el brazo y me dijo: «Oye, Iñaki, hemos pensado en ti para un proyecto que podría ser interesante para la asociación. Te explico de qué se trata, y tú ya me dirás si te gustaría participar o no». El proyecto consistía en realizar un taller de descubrimiento de la estilográfica para la gente joven, y me lancé de lleno. Rápidamente se me ocurrieron ideas sobre cómo abordarlo, y fueron bien recibidas. Empezamos a planificar todo esto durante el verano, concretamos las fechas de los encuentros y las reuniones, y al final decidimos que el taller se llevaría a cabo el 18 de noviembre.
Los días iban pasando, y poco a poco tomaba forma. La presentación se iba modificando progresivamente, intentando encontrar plumas para regalar a los asistentes, papel, sobres, etc. Y al final conseguimos, en mi opinión, que el taller resultara muy divertido.
Dado que el objetivo del taller era acercar este instrumento que tanto queremos a la gente joven, quería plantearlo como algo bastante experimental, que pudieran tocar, ver, ensuciarse los dedos… Todas esas cosas que a los amantes de las plumas nos encanta hacer.
En primer lugar, se haría una presentación del instrumento, intentando que los asistentes dieran su opinión y se generara cierto calor. Después, se presentarían las partes más importantes de la estilográfica, y pensaba que montarían su propia pluma. Esto, al final, lo descarté porque no quería que las plumas que habíamos conseguido quedaran estropeadas antes de empezar. Así que llevé algunas que tenía en casa como instrumentos demostrativos. Mientras esperábamos a que la tinta del cartucho impregnara el alimentador, mostraría otros sistemas de carga de las estilográficas, algunos tinteros… Ahora venía la parte práctica: cómo se coge la pluma, trazos básicos, palabras con letra ligada… Y una vez hecho todo eso, haríamos la parte más divertida: escribir una carta, que nosotros enviaríamos a casa de los asistentes al taller mediante correo ordinario.
Este era el plan, ahora solo faltaba ponerlo en práctica.
Desde que se puso en marcha el taller, a principios de noviembre, estuvimos haciendo publicidad y propaganda por tierra, mar y WhatsApp, intentando que esta información llegara al máximo de gente posible para tratar de llenar el taller. La intención inicial era que solo vinieran los jóvenes, pero enseguida vi que si lo planteábamos como una actividad «familiar» podría tener mejor acogida, y así lo hicimos.
Si tengo que ser sincero, esperaba tener pocos asistentes. Decía: «Si vienen 5 ya será un éxito, 10 será una pasada y 15 fiesta mayor». Teníamos un aforo limitado, y no contaba con llenar la sala. Pero, a pesar de todo, pensaba que podía ser un buen «piloto» para el taller, a la hora de exportarlo a otros ambientes o hacer una segunda edición.
Se acercaba el día y las inscripciones no iban muy bien… Pero al final teníamos 10 inscritos, entre adultos y chiquillos. Para mí, todo un éxito. Ya sabéis que en este país, a veces nos gusta hacer las cosas a última hora y, como dirían los hermanos «maquineta»: «¿Cómo estaba la plaza? ¡ABARROTADA!» El mismo día del taller tuvimos que añadir sillas a la mesa. 18 asistentes, aforo completo. Ahora solo quedaba que el plan que habíamos pensado funcionara.
No puedo decirles si la gente quedó contenta o no; prefiero que quienes vinieron dejen un comentario explicando qué les pareció el taller. Lo que sí puedo decirles es que yo me lo pasé muy bien, pude escuchar comentarios en voz baja que me hicieron sonreír, como por ejemplo: «Ya no recordaba qué gusto era escribir con estilográfica». Y con eso me conformo.
Seguramente repetiremos el taller, así que si no pudieron venir en la primera edición, estén atentos que haremos otra. Intentaremos exportarlo a escuelas y a cualquier lugar donde podamos. Y si, después de todo el trabajo, conseguimos que alguien vuelva a tomar la pluma, habrá valido la pena.
K.
