
Desde siempre, el transporte de la tinta supuso un problema para los viajeros, y por ello son numerosas las piezas diseñadas con ese propósito. Aunque el uso «generalizado» en el siglo XIX de portar pluma y tintero llevó a industriales y joyeros al diseño de verdaderas obras de arte, hoy nos referiremos a piezas más al alcance de usuarios como comerciantes o particulares con gustos más prácticos hacia lo funcional, y a las iniciativas de las primeras firmas de plumas para satisfacer las necesidades de sus usuarios.
Los gustos y la manera de resolver el problema fueron variados, buscando dos objetivos: que el líquido no se derramara y que no se evaporara en exceso, siempre resultando práctica su utilización para el «escribiente».
Estas piezas comprenden desde mediados del siglo XIX hasta la época anterior a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y son una muestra de lo que se podía encontrar en el mercado.




Como todo posible mercado incita a proveer su demanda, las firmas comenzaron a producir sus propios modelos.
La competencia ayuda a estimular la imaginación, y por ello, algunos incorporaron cuentagotas a su producto para facilitar la labor a sus clientes.


Aunque la mayoría optó por proveer un sistema «seguro» para el desplazamiento.





Esperamos que os haya gustado esta pequeña muestra..
Las piezas son cortesía de Plumaemocion.
