
Desde que en el último cuarto del siglo XIX se iniciara la utilización de la pluma con recarga de tinta incorporada, el proceso de utilización no era sencillo en cuanto a evitar derrames excesivos y manchas, tanto en el papel como en las manos del usuario, o incluso para llevar la pluma encima con el riesgo constante de manchar la ropa.
En 1895, George Parker tuvo una idea que se convirtió en la gran solución a muchos de esos problemas y sirvió para impulsar la venta de sus plumas. Consistió en añadir en el conducto de la tinta, camino del alimentador, un elemento curvo que impidiese la libre salida de aquella, y regresara la cantidad no usada de nuevo al depósito. Lo denominó «Lucky Curve».
Se puede ver el dibujo en la patente. La implementación generalizada a las plumas se inició en 1898. Causó sensación.
Parker trabajó la baquelita en los comienzos del siglo XX y en las plumas que fabricó con ella, gracias a su transparencia, se puede ver claramente el adminículo en cuestión y su funcionamiento.
El sistema perduró hasta los años 20.





